miércoles, 23 de diciembre de 2015

Tendré que acurrucarme y esperar en una esquina a que se haga de día, y ya no esté perdida.

Abres los ojos, después de tantos años, y te encuentras en medio de la nada.
Estás destrozada, sin fuerzas, como si cada vez que necesitaras alimentarte alguien te hubiese quitado la comida. Casi no pareces tú.
Pero levantas la vista y ves al frente dos puertas.
En una de ellas te ofrecen una bolsa con un poco de fuerza y la oportunidad de cambiar.
En la otra, seguir por el mismo camino; un camino duro pero que bien conoces.

Haces memoria y lo recuerdas; no es la primera vez que estás aquí. Habías visitado este lugar más veces, pero la necesidad de sentir que podías controlar tu vida hizo que eligieras siempre el camino conocido.
Alguna vez escuchaste, sin darle la más mínima importancia, lo que decían de la otra puerta: "Es una senda de lucha y de cambio constante que te llevará a la verdadera felicidad".
A ti siempre te han aterrado los cambios, y lo increíble es que hoy sigas ahí parada, pensando qué hacer.

¿Quién te ha dado el impulso para cambiar en este momento de decisión? Ni tú misma lo sabes, pero decides entrar y todo es nuevo para ti. Quizá demasiado bonito para ser verdad.
Te dan fuerza, sí, pero no te dicen cuándo se va a acabar.

Y ahora te encuentras en el momento crucial, estás en medio del camino con la bolsa vacía y la sensación de que luchas en vano por dejar atrás lo que siempre ha sido tu vida. Una vida llena de problemas, pero una vida que sabías controlar.
Te encuentras perdida y no sabes dónde agarrarte. No quieres volver hacia atrás pero, a veces, es la única salida que consigues ver.

La sociedad con sus insultos te rompió por dentro y, por si fuera poco, en estos momentos no son los encargados de ayudarte; tú eres la única que puede decidir si salir adelante o quedarte en el sitio.
Ya sé que tú no elegiste estar aquí, ni tampoco elegiste ser la dueña de unos ojos tristes y cansados, de una mente repetitiva que casi no te deja dormir.
Son ellos los responsables de tu sufrimiento y, por desgracia, los que cada noche se acuestan con la conciencia tranquila.

Tú sólo eres una marioneta de esos cuatro gatos que nos dan la esperanza de creer que la perfección existe para llenarse los bolsillos de dinero.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Yo me declaro la culpable, tú conserva tu inocencia.

"Los golpes invisibles duelen más". Te destrozan por dentro cada vez que regresan en forma de recuerdo.

A veces el que calla es el que más cosas tiene que decir, y aunque nadie lo vea, sigo luchando por cerrar las heridas que se formaron cuando elegí, sin darme cuenta, ser tu saco de boxeo.
Aún guardo arañazos de control, cicatrices de los intentos desenfrenados por recuperar mi vida. Espero con paciencia a que se evaporen las miles de lágrimas que solté en cada madrugada, con cada llamada. Me duele la garganta de haberle pedido a una pared un poco de confianza y hasta mis manos tiemblan cuando recuerdan el pánico que nos provocaba la distancia.

Durante algún tiempo me quedé ciega y sorda de amor; sólo me dejaba ver a mí misma el infierno que había a mi alrededor, sin hacer caso al que preguntaba: "¿Quién está formando ese infierno?".

Era el caos, que creaba mi caos.
Era mi dependencia a ti.
Era la toxicidad personificada.
Era el miedo a vivir un nuevo cambio.

Una pregunta que ya no necesita respuesta, pero que cada noche me quita el sueño si no se ha encargado de entrar en él.

Que te quise más que a nadie, eso está claro. Que sufro la imposibilidad de echarte la culpa y de odiarte, por desgracia también. 
Pero hace tiempo que tiré a la basura aquella "suerte que besó mi libertad" para concienciarme de que lo mejor es "que no te quiten la libertad ni a besos".

Tú eres la dueña de tu vida, no permitas que nadie te haga daño.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Esa luz que tú tienes que aclara los días negros.

No quiero nada de ti.
Me conformo con mirarnos frente a frente,
hablando sin oírnos o en silencio,
haciendo lo imposible por aguantar el más ligero suspiro.
Como tú prefieras;
riendo o llorando de emoción.

Únicamente pido que, cuando llegue ese momento,
dejes que me pierda en tu mirada 
y en la luz que desprendes con esa sonrisa;
la única capaz de apartar esta cordura temporal.
Permíteme sentir que el mundo es sólo nuestro,
"tuyo y mío,
mío y tuyo nada más".

Y si me regalas eso en un segundo
lo alargaré hasta convertirlo en eternidad.
No evitaré imaginarlo unas cuantas millones de veces al día,
ni dejaré de luchar por cerrar los ojos 
y que la distancia que nos separa haya desaparecido
para reinventarte a centímetros.

Quizá esté pidiendo demasiado a la vez que digo no querer nada de ti;
pero son sueños.
Y si soñar nos hace grandes,
soñar contigo me hace infinitamente mayor.
Infinitamente feliz.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Nacer de nuevo.

Atravesar el puente es abandonar la orilla de una "vida instalada", de la pereza, de la inmovilidad, del estancamiento o de eso que ahora se llama "zona de confort".
Atravesar el puente implica arriesgarse: todo puente, aun el más sólido, entraña siempre cierto peligro, porque el puente es "resistencia", pero también "inseguridad".
Atravesar el puente es un arriesgarse y apostar por "la otra orilla", esa que nos muestra, que nos ofrece una "vida creativa", de "acción creadora" y de "crecimiento continuo". No solo son nuestros pies los que recorren el puente; cada paso es un "moverse, crecer y desplegarse" de nuestro espíritu.
Estar en el puente y atravesarlo anuncia un cambio de perspectiva, de visión, de estado y de conciencia. Otro estado de conciencia. Es una forma de "nacer de nuevo".

¿Qué hacer cuando tu vida ha cambiado radicalmente en tan poco tiempo? Aprovecharlo. Aprovecharlo quitándote ese "miedo al tiempo porque el tiempo conlleva cambios" y vivir. 
Mirar la vida desde la perspectiva de estar viviéndola; esto es desprenderse de la idea de "estoy aquí porque me ha tocado estar aquí" y adoptar una nueva que te recuerde cada mañana que, estés donde estés, siempre hay un lugar para la felicidad.
Para ello es esencial dejar atrás el pasado, pero con eso no me refiero a olvidarse completamente de él -la experiencia nos hace sabios-, sino a dejar de vivir en él, salir de los recuerdos para avanzar.

Es realmente extraña esta sensación de "estar cambiando el chip" cuando te pasas la mayor parte del tiempo perdida en tu mundo, quejándote por los años que te ha tocado pasar, viviendo sin vivir, sin sueños, sin ilusión, con la esperanza de que algún día cambie algo sin tener claro qué quieres que cambie.
Pero llega el día en el que te levantas cansada de esa manera de ser, de estar en el mundo que, sin saber si es culpa tuya o de los demás, te ha caracterizado toda la vida.
Y llega el día en el que te quitas el miedo a los cambios y tú misma te pides ese cambio.
Y llegan los sueños, la ilusión, las ganas de disfrutar, de sentir, de ser feliz. En resumen, de amar la vida.

lunes, 7 de septiembre de 2015

¿Quién discutirá a la emperatriz? ¿Quién correrá el riesgo de morir?

Tenía sed de venganza por el pasado que vivió.

De forma indirecta, vio necesario que alguien tenía que sufrir lo que un día le hicieron a ella y, sin pensarlo, se lanzó a matar.

Usó a su peón, el que más veces había caído en combate. "Qué más le dará caer de nuevo si se pasa la vida en el suelo".
Era de aquellos con la mala costumbre de vivir por dentro, destrozado por las heridas que habían quedado sin cicatrizar.

Muerto en vida, al menos tenía un objetivo claro: ser el saco de boxeo del resto del mundo.

martes, 25 de agosto de 2015

Que no sé cómo hacerlo peor, despacito pero muy mal.

Ahora lo entiendo todo. Después de tantos años con preguntas que parecían no tener respuesta, tuvo que venir la experiencia a contestarlas.
No sé lo que sucedió ni quién tuvo la culpa, pero al final uno de los dos pilares que poco tiempo nos costó crear acabó rompiéndose, y el otro sigue ahí; seguirá ahí de por vida guardando los recuerdos más gratos. No le importa quién venga ni lo imbécil que pueda parecer por ello, únicamente sabe que no habrá otra persona que merezca la pena ocupar esa parte de su corazón.
¿Y por qué es necesario que venga otro? ¿Qué clase de ser egoísta quiere a alguien simplemente para sustituir a quien ya se fue? En este tiempo me he dado cuenta de que cada persona que llega a tu vida aporta cosas distintas; algunos risas, otros llantos, pero todos a su manera. Y al final me formo yo, "gracias" a ellos, a los recuerdos y a los miedos que me han dejado.
A lo mejor me equivoco y quizá nadie vuelve a calar en mí como lo hiciste tú, o es que ya empiezo a entender que la gente va y viene de tu vida, que nada pasa por algo, que es imposible que lo bueno se quede para siempre y que lo malo nunca llegue.
Y que lo tuyo no fue odio, sino indiferencia. Si fuese odio todavía seguiría quedando amor.

domingo, 31 de mayo de 2015

Si al despertar siguiera allí...

Me preguntas por qué lloro tanto cuando veo que una persona sigue pendiente de otra a pesar de los años y las dificultades, y mi única respuesta es decirte que a mí esos temas me ponen sensible, sin pararme a pensar el porqué.
Quizá porque ansío con lo mismo, con que se mantenga el recuerdo de quien fui a pesar del cambio constante que sufro.

Porque, ojalá, el día que yo empeore, el día que no me queden fuerzas para sostenerme, siga a mi lado esa persona que me levanta y me evade del mundo, de mi mundo, con su sonrisa de siempre. Que me haga reír cuando no pueda llorar más; que me recuerde quién soy, quién fui, el día que no me encuentre.
Quiero tener una razón en el momento que decida tirarlo todo por la borda que me haga retroceder.

Quiero esa razón, quiero a esa persona, la quiero para siempre.

Te odio porque siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues ahí.

Hoy has vuelto a mi cabeza. Sí, eso suena mejor que decir que nunca te has ido y que hoy me acuerdo más de ti.
Me he vuelto a cruzar con tu viva imagen en el cuerpo de otra y he vuelto a decepcionarme con la vida. Ya ves, no he cambiado nada después de estos años sin vernos, sigo siendo la misma ingenua de siempre, la que piensa que el mundo no es tan malo y que los malos se cuentan con los dedos de una mano; y qué injusto me parece cuando abro los ojos y veo que no es así.
Será que todo este tiempo lo he estado mirando desde la perspectiva de echarme las culpas de todo, hasta de lo que fue y de lo que pasó entre nosotras. Tenía que pensar que era yo la que decidió borrar el camino y me tocaba arrepentirme porque así lo decidiste tú, pero si ahora me pudiera parar a decirte un par de palabras, mi boca escaparía un ligero "te odio". Te odio porque siempre sigues ahí.
Perdóname porque todo pasó por "el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa", formando una nube de agradables recuerdos que no me dejaban encontrar un camino. Me perdí, me perdí en mi mundo volviéndome pequeña y, aunque hubo gente, siempre pensé que me faltabas tú. Ahora me doy cuenta de que no eras tú, sino la imagen que yo tenía; tan buena, tan graciosa, tan llena de vida al llevarte la mía... Tú, en realidad, ocupaste mis entrañas volviéndote mi enfermedad.
Si hoy nos encontrásemos en algo más que un cruce de miradas, me preguntarías el porqué de este cambio, de mis ojeras y mi sonrisa triste. Yo sólo podría decirte que son las cicatrices que me quedan de los intentos desesperados por echarte de mi vida.
Hoy me he acordado un poco más de ti y he decidido volver a contárselo al mundo.