"Los golpes invisibles duelen más". Te destrozan por dentro cada vez que regresan en forma de recuerdo.
A veces el que calla es el que más cosas tiene que decir, y aunque nadie lo vea, sigo luchando por cerrar las heridas que se formaron cuando elegí, sin darme cuenta, ser tu saco de boxeo.
Aún guardo arañazos de control, cicatrices de los intentos desenfrenados por recuperar mi vida. Espero con paciencia a que se evaporen las miles de lágrimas que solté en cada madrugada, con cada llamada. Me duele la garganta de haberle pedido a una pared un poco de confianza y hasta mis manos tiemblan cuando recuerdan el pánico que nos provocaba la distancia.
Durante algún tiempo me quedé ciega y sorda de amor; sólo me dejaba ver a mí misma el infierno que había a mi alrededor, sin hacer caso al que preguntaba: "¿Quién está formando ese infierno?".
Era el caos, que creaba mi caos.
Era mi dependencia a ti.
Era la toxicidad personificada.
Era el miedo a vivir un nuevo cambio.
Una pregunta que ya no necesita respuesta, pero que cada noche me quita el sueño si no se ha encargado de entrar en él.
Que te quise más que a nadie, eso está claro. Que sufro la imposibilidad de echarte la culpa y de odiarte, por desgracia también.
A veces el que calla es el que más cosas tiene que decir, y aunque nadie lo vea, sigo luchando por cerrar las heridas que se formaron cuando elegí, sin darme cuenta, ser tu saco de boxeo.
Aún guardo arañazos de control, cicatrices de los intentos desenfrenados por recuperar mi vida. Espero con paciencia a que se evaporen las miles de lágrimas que solté en cada madrugada, con cada llamada. Me duele la garganta de haberle pedido a una pared un poco de confianza y hasta mis manos tiemblan cuando recuerdan el pánico que nos provocaba la distancia.
Durante algún tiempo me quedé ciega y sorda de amor; sólo me dejaba ver a mí misma el infierno que había a mi alrededor, sin hacer caso al que preguntaba: "¿Quién está formando ese infierno?".
Era el caos, que creaba mi caos.
Era mi dependencia a ti.
Era la toxicidad personificada.
Era el miedo a vivir un nuevo cambio.
Una pregunta que ya no necesita respuesta, pero que cada noche me quita el sueño si no se ha encargado de entrar en él.
Que te quise más que a nadie, eso está claro. Que sufro la imposibilidad de echarte la culpa y de odiarte, por desgracia también.
Pero hace tiempo que tiré a la basura aquella "suerte que besó mi libertad" para concienciarme de que lo mejor es "que no te quiten la libertad ni a besos".
Tú eres la dueña de tu vida, no permitas que nadie te haga daño.
Tú eres la dueña de tu vida, no permitas que nadie te haga daño.
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