viernes, 30 de septiembre de 2016

Alguien olvidó que el fuego lo guardo yo.

No te asustes cuando enseñe
las cicatrices que decoran mi cuerpo;
fui experta en saltar al vacío
por cualquiera
sin mirar un segundo antes
el precipicio que me esperaba.

Siempre soñé con volar alto;
pero en el primer intento
las alas que pinté de historia
se convirtieron en pólvora,
y arrasaron con todo
cuando se creó el incendio.

Entre las cenizas aprendí
que el mismo fuego que te quema
también te puede salvar,
y la luz de mis ascuas
iluminaron el mundo
que siempre vi grisáceo.

Encontré libertad
hasta en el humo de un cigarro;
porque el cobarde que estuvo
frente a su propio fin
tiene la valentía y el derecho
de sentirse inmortal.

Por eso vuelvo a tejer mis alas
con la firmeza
que me regala el tiempo.
Y mis miedos ya no me impiden
levantar los pies del suelo
-ni seguir amando las historias imposibles-.