Dime cómo lo hacemos,
vida mía,
si desde que te convertiste en musa
la inspiración duele.
Pretendo entenderte existiendo
pero mis latidos siempre tuvieron
el afán de dirigirnos
hacia círculos oscuros.
Te camino descalza y a contracorriente,
buscando la salida
de esta incoherente experiencia,
aquella que nunca nos dejó ver
ni cómo ni cuándo
nos cortamos las alas.
En mitad de la encrucijada
se ha sentado mi soledad,
irónicamente cansada
de no encontrar quien nos salve.
Le gusta gritar a los cuatro vientos
que a nadie necesita,
mientras busca desconsolada
y en silencio
la luz que otros dictan
que da la felicidad.
Pero ya sabes
mi vida,
convertirnos en perfectas
nunca ha sido lo nuestro,
pues el secreto está en cambiar
la supuesta eternidad
por desesperanza intermitente.
Si el tiempo no te cambia
siempre sabrás
que nuestra alegría se encuentra
en correr por los campos llanos
a la hora del recreo.
De la desgana nos cura
un abrazo lleno de nostalgia,
y el recuerdo más feliz
nos hace viajar
donde siempre olió a café
y a muebles viejos.
Y por qué tendrá que importar
que a veces duela de más,
si nuestro viento acompaña
las canciones que hablaron
de que ahogarse y perderse
en boca de otros
puede resultar divertido.
Ahí está entonces la felicidad,
en todos las personas,
paisajes e historias
que alguna vez
nos hicieron sentir únicas,
cuyo recuerdo guardamos
en el otro rincón del alma.
lunes, 8 de octubre de 2018
domingo, 28 de enero de 2018
Apaga las luces del universo que voy a empezar a contarte los huesos.
Despierta sus ojos.
Ya ni el cielo calma la mentalidad
que siempre ha guardado fuego.
Arrancándose el puñal de oro
al fin comprendió que nunca valdrá la pena
perder tiempo en abrirse y dejarse abrir heridas.
Y se resguardó en el mar.
Escondió allí su propio cuerpo
para que no encontrara la salida
el día que decidiera preparar su traición
y retorcerse de nuevo.
Siempre sería mejor
el silencio que ofrece el horizonte
que el sonido de quien marcha sigilosamente,
junto a la soledad que le une después.
Si nunca aterrizó por aquí
el primer ave de la bandada,
es porque ni en la mayor expresión de serenidad
sabe que dejará de estar rodeado de jueces.
Por eso él sobrevuela por encima
de los que deciden determinar
su línea entre el bien y el mal,
entre la salud y el vicio,
entre la búsqueda de la felicidad
y la obsesión.
Es difícil engañarse a uno mismo
entre tanta tranquilidad.
Solía aprenderse de memoria
las historias que se repiten
y modificar ese círculo vicioso
cambiándoles el final.
Pero nunca quiso deshacerse
de la pasión que guardaba
en los días raros.
En su justa medida,
algún día el propio fuego que vestía
podría dar calor
a quien estuviera dispuesto a acercarse.
Dejaría de quemar de miedo
para volver a ser un cálido símbolo
de amor, fuerza, hogar,
transformación.
Mientras las torres caen
ha descubierto un arma
capaz de derribar bosques repletos de dudas
y dar luz a quien se atreva a encenderlo.
Ya ni el cielo calma la mentalidad
que siempre ha guardado fuego.
Arrancándose el puñal de oro
al fin comprendió que nunca valdrá la pena
perder tiempo en abrirse y dejarse abrir heridas.
Y se resguardó en el mar.
Escondió allí su propio cuerpo
para que no encontrara la salida
el día que decidiera preparar su traición
y retorcerse de nuevo.
Siempre sería mejor
el silencio que ofrece el horizonte
que el sonido de quien marcha sigilosamente,
junto a la soledad que le une después.
Si nunca aterrizó por aquí
el primer ave de la bandada,
es porque ni en la mayor expresión de serenidad
sabe que dejará de estar rodeado de jueces.
Por eso él sobrevuela por encima
de los que deciden determinar
su línea entre el bien y el mal,
entre la salud y el vicio,
entre la búsqueda de la felicidad
y la obsesión.
Es difícil engañarse a uno mismo
entre tanta tranquilidad.
Solía aprenderse de memoria
las historias que se repiten
y modificar ese círculo vicioso
cambiándoles el final.
Pero nunca quiso deshacerse
de la pasión que guardaba
en los días raros.
En su justa medida,
algún día el propio fuego que vestía
podría dar calor
a quien estuviera dispuesto a acercarse.
Dejaría de quemar de miedo
para volver a ser un cálido símbolo
de amor, fuerza, hogar,
transformación.
Mientras las torres caen
ha descubierto un arma
capaz de derribar bosques repletos de dudas
y dar luz a quien se atreva a encenderlo.
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