lunes, 30 de noviembre de 2015

Yo me declaro la culpable, tú conserva tu inocencia.

"Los golpes invisibles duelen más". Te destrozan por dentro cada vez que regresan en forma de recuerdo.

A veces el que calla es el que más cosas tiene que decir, y aunque nadie lo vea, sigo luchando por cerrar las heridas que se formaron cuando elegí, sin darme cuenta, ser tu saco de boxeo.
Aún guardo arañazos de control, cicatrices de los intentos desenfrenados por recuperar mi vida. Espero con paciencia a que se evaporen las miles de lágrimas que solté en cada madrugada, con cada llamada. Me duele la garganta de haberle pedido a una pared un poco de confianza y hasta mis manos tiemblan cuando recuerdan el pánico que nos provocaba la distancia.

Durante algún tiempo me quedé ciega y sorda de amor; sólo me dejaba ver a mí misma el infierno que había a mi alrededor, sin hacer caso al que preguntaba: "¿Quién está formando ese infierno?".

Era el caos, que creaba mi caos.
Era mi dependencia a ti.
Era la toxicidad personificada.
Era el miedo a vivir un nuevo cambio.

Una pregunta que ya no necesita respuesta, pero que cada noche me quita el sueño si no se ha encargado de entrar en él.

Que te quise más que a nadie, eso está claro. Que sufro la imposibilidad de echarte la culpa y de odiarte, por desgracia también. 
Pero hace tiempo que tiré a la basura aquella "suerte que besó mi libertad" para concienciarme de que lo mejor es "que no te quiten la libertad ni a besos".

Tú eres la dueña de tu vida, no permitas que nadie te haga daño.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Esa luz que tú tienes que aclara los días negros.

No quiero nada de ti.
Me conformo con mirarnos frente a frente,
hablando sin oírnos o en silencio,
haciendo lo imposible por aguantar el más ligero suspiro.
Como tú prefieras;
riendo o llorando de emoción.

Únicamente pido que, cuando llegue ese momento,
dejes que me pierda en tu mirada 
y en la luz que desprendes con esa sonrisa;
la única capaz de apartar esta cordura temporal.
Permíteme sentir que el mundo es sólo nuestro,
"tuyo y mío,
mío y tuyo nada más".

Y si me regalas eso en un segundo
lo alargaré hasta convertirlo en eternidad.
No evitaré imaginarlo unas cuantas millones de veces al día,
ni dejaré de luchar por cerrar los ojos 
y que la distancia que nos separa haya desaparecido
para reinventarte a centímetros.

Quizá esté pidiendo demasiado a la vez que digo no querer nada de ti;
pero son sueños.
Y si soñar nos hace grandes,
soñar contigo me hace infinitamente mayor.
Infinitamente feliz.