viernes, 1 de diciembre de 2017

En el último trago nos vamos.

Será que nunca nos acostumbramos
a mirar de frente a la distancia,
y siempre preferimos huir
aunque quemara por dentro.

Será que cuando me atreví a mirar el mundo
decidí hacerlo a través del vidrio,
y ahora los ignorantes me relacionan con ella
sin ni siquiera saber la de vida que he bebido.

Vida ardiente que llega de un trago,
a palos secos,
como todo lo malo
a lo que finalmente te acostumbras.

No voy a negar que me creí
otra dama de poncho rojo,
y que hubo un tequila
aunque no lloviesen las dudas.

Firmé fidelidad con ella
y se convirtió en la musa más puta,
la única capaz de desnudarme el corazón
frente a quien no le importaba.

Y todavía habrá quien me llame valiente
por creer que superé mil luchas,
cuando sólo recorrí océanos
que ni siquiera recuerdo.