domingo, 31 de mayo de 2015

Te odio porque siempre sigues, siempre sigues, siempre sigues ahí.

Hoy has vuelto a mi cabeza. Sí, eso suena mejor que decir que nunca te has ido y que hoy me acuerdo más de ti.
Me he vuelto a cruzar con tu viva imagen en el cuerpo de otra y he vuelto a decepcionarme con la vida. Ya ves, no he cambiado nada después de estos años sin vernos, sigo siendo la misma ingenua de siempre, la que piensa que el mundo no es tan malo y que los malos se cuentan con los dedos de una mano; y qué injusto me parece cuando abro los ojos y veo que no es así.
Será que todo este tiempo lo he estado mirando desde la perspectiva de echarme las culpas de todo, hasta de lo que fue y de lo que pasó entre nosotras. Tenía que pensar que era yo la que decidió borrar el camino y me tocaba arrepentirme porque así lo decidiste tú, pero si ahora me pudiera parar a decirte un par de palabras, mi boca escaparía un ligero "te odio". Te odio porque siempre sigues ahí.
Perdóname porque todo pasó por "el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa", formando una nube de agradables recuerdos que no me dejaban encontrar un camino. Me perdí, me perdí en mi mundo volviéndome pequeña y, aunque hubo gente, siempre pensé que me faltabas tú. Ahora me doy cuenta de que no eras tú, sino la imagen que yo tenía; tan buena, tan graciosa, tan llena de vida al llevarte la mía... Tú, en realidad, ocupaste mis entrañas volviéndote mi enfermedad.
Si hoy nos encontrásemos en algo más que un cruce de miradas, me preguntarías el porqué de este cambio, de mis ojeras y mi sonrisa triste. Yo sólo podría decirte que son las cicatrices que me quedan de los intentos desesperados por echarte de mi vida.
Hoy me he acordado un poco más de ti y he decidido volver a contárselo al mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario