domingo, 13 de noviembre de 2016

Noviembre siempre triste y tú viniste proponiendo guerra.

Te ofrezco lo único que tengo:
mi libertad,
mi tiempo
y esta manía de convertir sentimientos en verso.

Quién puede hablar de invierno
si llega noviembre
y apareces proponiendo guerra,
como si tu mejor pasatiempo
fuese romperme los esquemas.

Si he olvidado el color de la tormenta
desde que descubrí el cielo en tus ojos,
y me basto con uno de tus abrazos
para guardarme del frío.

El mismo que expulsas cuando despiertas mis ganas
de desnudar el corazón
-y desnudarme contigo-
en una cama llena de mantas arrugadas
y ropa perdida entre las sábanas.

Desde tu llegada desconfío del reloj
y siento la burla de sus horas:
pues el tiempo corre al compás de nuestro latido.

Busco la forma de detener las manecillas
con la misma facilidad
que tú tienes para evadirme de la realidad;
y en esta búsqueda sin fin
voy a acabar creyendo que tienes magia.

La que necesitaba para derribar barreras,
para posarme en tu rama y ofrecerte
en libertad
compartir nuestras vidas.

Quién puede hablar de invierno
con el calor de los mil miedos
arrojados a la hoguera.