y ya habías desaparecido.
Te preparaste,
te proclamaste libre
y ahora corres como si intentaras superar al tiempo
-incluso quien no te conociera
pensaría que te sientes mejor que nunca-.
Pero nadie necesita irse tan rápido
si no es porque busca la huida.
Nadie se viste con una armadura
cuando quiere volver a volar.
Nadie se cree tan de hierro
que hasta se olvida
de que guarda sentimientos.
Permíteme decirte entonces
que las corazas pesan,
que el tiempo tarde o temprano te alcanza
y que ni tu botella hoy te salva.
Pues desde aquí ya se escucha cómo has roto a llorar.