lunes, 23 de noviembre de 2015

Esa luz que tú tienes que aclara los días negros.

No quiero nada de ti.
Me conformo con mirarnos frente a frente,
hablando sin oírnos o en silencio,
haciendo lo imposible por aguantar el más ligero suspiro.
Como tú prefieras;
riendo o llorando de emoción.

Únicamente pido que, cuando llegue ese momento,
dejes que me pierda en tu mirada 
y en la luz que desprendes con esa sonrisa;
la única capaz de apartar esta cordura temporal.
Permíteme sentir que el mundo es sólo nuestro,
"tuyo y mío,
mío y tuyo nada más".

Y si me regalas eso en un segundo
lo alargaré hasta convertirlo en eternidad.
No evitaré imaginarlo unas cuantas millones de veces al día,
ni dejaré de luchar por cerrar los ojos 
y que la distancia que nos separa haya desaparecido
para reinventarte a centímetros.

Quizá esté pidiendo demasiado a la vez que digo no querer nada de ti;
pero son sueños.
Y si soñar nos hace grandes,
soñar contigo me hace infinitamente mayor.
Infinitamente feliz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario