martes, 22 de febrero de 2022

Una de esas noches sin final.

Bebámonos una vez más,
mi fiel compañera,
y en el supuesto de esta noche eterna
te ofreceré el siguiente trato:
mientras nos curo las heridas de realidad,
tú le pones letra a mi silencio.

Te invitaré al cuarto de sensaciones,
aquí donde el ruido frena al tiempo
y la sospecha es la reina del ambiente,
para clamar el fuego que guardas
cuando se desate esta guerra interna
de rabia y pasión alternas.

Si caemos en nuestra propia derrota
celebremos la lucha por habernos fundido
en esta extraordinaria insensatez,
así como se unen dos corazones desenfrenados
en un escenario de domingo y sombras.

Si llegamos ilesas al alba
sin haber escapado de madrugada
por la rendija donde se cuela la bruma,
habremos vencido al futuro;
y la ira, creyese por momentos protagonista,
se habrá desvanecido en un gemido
que nos proclamará dueñas del ahora.

Pero si las ideas que cuelgan de estas paredes
te obligan a despegarte de la niña
que no fue más que una simple coleccionista
de amores imposibles,
coge nuestra historia y cuéntasela al mar,
que si estos versos valiesen oro
la marea nunca volvería a verte inundada.

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