sabe que en cada uno de tus lunares
se guarda más arte
que cualquiera de los versos
que estas manos temblorosas
te pudieran escribir.
Desde que un cruce de miradas
cambió el rumbo de sus letras,
te vive y se pierde entera,
y ha preferido aprovechar el tiempo
en dejarse morir en el abrazo
que adorna las noches de flores,
que peinar versos para hablar de amor.
Y es que quizá sea eso
lo que esta maldita desatada quería.
Dejar a un lado la ruina,
que siempre fue la protagonista,
y abandonar mi imagen en tu cuerpo,
para observar cómo amanecía de nuevo
entre nosotras dos.
Hacerse entender que lo que siento
es tan cierto
que aún con cicatrices
clavadas en mi espalda,
su poema puede sacar fuerzas
para abrirse en dos,
y los "te quiero" que disparas a mis miedos
ahora son los protagonistas de esta piel.
La misma en la que escribo
que todo valdrá la pena
desde que vivir para mí
lleva de la mano tu presencia.
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