Perdóname si existes
porque no soy una santa.
Soy la virgen del pecado,
reina de más de mil vicios
que se cubre con tu gloria.
Me mueven ansias de libertad
y la búsqueda insaciable de lo verídico,
pero aún arraiga en mí
la esperanza en lo desconocido.
Por eso creo en dioses extraños
mientras encuentro refugio
a las puertas del infierno.
Tengo como iglesia mi cuerpo
que consagro y odio
por partes iguales.
Me lleno de rituales
que remueven historias pasadas;
mi hábito está cosido con rabia
y muero por unas gotas de tu sangre.
Pero siento y quiero
postrarme ante ti,
pues me creo con el derecho
de rogar un milagro
que no me pertenece.
Que también perdone mi egoísmo Saramago;
me cansé de ser el sueño de ala poco firme
con apariencia de viento.
Quiero sentir el amor más íntimo,
aquél que se vive como una loca llamarada
pero también como remanso de paz.
Así que bájame si puedes
la luz que alumbre mi vida.
Una guía de mi camino en tierra,
capaz de sacar lo mejor de mí
entre tanto monstruo.
Desciende con cuidado
a tu mejor estrella,
la que no me suelte la mano
cuando ni yo pueda agarrarme.
Que lleve el cielo en sus ojos
y se arranque conmigo
cuando empiece el baile.
Yo prometo encargarme del resto.
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