Errante que huye de los caminos que adornaron su cuerpo con heridas.
Nunca volví a encontrar la valentía suficiente,
ni siquiera el impulso que me empujara al deseo
de echar la vista hacia atrás y volver a recordar la historia
que lleva consigo cada cicatriz tatuada en mi piel.
Prefiero definirme como quien se encontró de frente a su propio final
cuando el presente se le llenó de incendio,
y no tuvo otra opción que correr sin rumbo evitando la catástrofe;
dejando atrás las cenizas con las que decoraba el ayer.
Salí de mi propio fuego y encontré felicidad. Las malas lenguas lo seguirán llamando cobardía.
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