y me va faltando el aire
en este cuarto sin salida.
Todos en calma y yo,
yo solamente presiento que las horas pasan
cada vez que esta cabeza
decide tomarse un descanso.
La maldita se ha convertido
en una máquina de crear recuerdos,
recuerdos que arañan.
Recuerdos que arañan
y reabren heridas,
que duelen y queman,
que martirizan y atormentan.
Y siento que el aire
se entrecorta cada vez más,
que las lágrimas son
la única puerta de emergencia.
Que por qué se fue,
que por qué no supe quedarme,
que por qué corre tan rápido el tiempo
y en qué momento llegamos aquí,
que si merece la pena seguir
o debo parar de cometer errores.
Pero todos duermen,
y yo me pongo la mano en la boca
para gritar en silencio.
Todos duermen,
y yo
sigo muriendo por dentro.
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